El hincha chileno y la publicidad

Llega septiembre y la selección nacional se alista a jugar su compromiso con Venezuela, en síntesis se aproximan algunas “fechas memorables” para nuestra “patriótica” comunidad nacional. En la televisión se empiezan a escuchar frases como “La roja es Chile”la “Roja de todos” y un sinfín de etcéteras. Además, el hincha chileno es conocido, o mejor dicho, dado a conocer por los medios de comunicación, como un hincha fiel a su bandera, a su equipo y a sus jugadores internacionales.

Personalmente, no creo, que los medios de comunicación sean vasallos de un imperio de oscuridad que pretende lavarnos el cerebro, o al menos no así de drástico, pero el hecho de que los periodistas o los medios de televisión no profesen ideologías propias y diversas, hace que se adapten a la ideología dominante, la cual en este caso, es un optimismo desenfrenado por el fútbol, priorizar al fútbol respecto a otros deportes y darle una cobertura periodística al campeonato nacional digna de un mundial; Los medios se encargan de definir “nuestro mundo más allá de los asuntos que conciernen a nuestro entorno inmediato personal y familiar” (McCombs, 1996. Pág.:14), donde, en la mayoría de los casos, el fútbol claramente no es una prioridad en la vida cotidiana.

Es así como este frenesí por el “deporte rey” no es descrito por los mass media, sino que es construido por estos mismos. La televisión con sus programas especiales y su “previa televisiva” de dos horas antes del partidos, los comerciales de Cristal (video), los “patriotas” de Tottus (video) y hasta las empresas y compañías que dejan a sus empleados retirarse más temprano a sus casas, inciden en este fervor futbolero, que en septiembre se ve exacerbado. Los mass media se encargan de “transferir la relevancia de una noticia en su agenda a la de la sociedad”  (McCombs, 1996. Pág.:17) y en del noticiero central que se transmite después del partido, el primer titular es el resultado de “La Roja”, en una relación de jerarquía absoluta sobre otros temas intrascendentes como los miles de millones gastados en un censo fallido, el ultimo hospital en construcción o la política internacional.

La construcción televisiva y publicitaria del hincha chileno queda de manifiesto al observar la disociación entre el deporte más popular, que es el fútbol, y los deportes donde el país ha conseguido más éxitos, que son el tenis, el ciclismo, incluso el atletismo. El hincha chileno no apoya a su país, ni a su nación, ni a sus deportistas, sino que apoya el producto o marca “Roja de todos”. Este es un producto atractivo, claro está, donde muchos sienten la satisfacción de ver “la roja”, comprar por “la roja”, usar la misma camiseta del mejor delantero de “la roja, y todo una estructura publicitaria que hace que en “Chile, cuando juega la selección, somos uno de Arica a Punta Arenas”. Es así como la televisión manipula, en cierto sentido, nuestras representaciones sobre el fútbol, sobre septiembre y sobre lo que significa ser un “buen chileno” para fechas específicas, también socializadas como importantes por la agenda de los mass media.

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Pero ¿Cuánto de ese amor a la nación existe cuando hablamos de defender al país que cobija a “la roja de todos” de lesiones graves que lo afectan? Ese hincha que se pone la camiseta, que vende su auto para ir a ver a Chile a la Copa América, que es capaz de organizar a todos sus conocidos, también hinchas furibundos, en un viaje con ribetes de expedición a otro país por ir a ver y defender a Chile, me pregunto ¿Por qué no organiza una lucha ciudadana contra las AFP? ¿Para que el agua no sea privada? ¿Con el fin que tengamos un ambiente libre de contaminación o al menos se hagan esfuerzos para lograrlo?

Porque ese hincha furibundo es un constructo publicitario. El hecho de ser un hincha apasionado con camiseta y banderín, que viaje a ver a su Chilito querido, es completamente incompatible con el hecho de ser un ciudadano informado y crítico de su sistema y estructura social en la cual le toca habitar y desenvolverse.

Es incompatible pues el futbol, entretenido y apasionante por cierto, no es más que un gran aporte a esa inmensa cortina de humo, que a muchos enceguece, llamada por M. Horkheimer y T. Adorno “industria cultural”. Es una industria cuyos principales ejes son el consumo, la televisión y la publicidad. El hincha furibundo es un cliente muy preciado por las compañías, tanto nacionales como multinacionales, pues el hincha renueva su televisor para cada mundial, compra un home theater, compra las camisetas, compra parrilla, compra cerveza, ve televisión y junto con los partidos en HD se traga, aunque no quiera, comerciales en alta definición que en términos resumidos les dice “compre” cuando termine el partido.

Entonces el hincha furibundo, el que defiende al país en cualquier latitud donde la selección juegue no va a luchar por lo que quieren las personas, por las demandas ciudadanas o por los objetivos de los estudiantes, porque el hincha furibundo fue formado y socializado por la televisión y los diarios, que son poderosos medios de comunicación y propaganda que responden a una lógica de articulación mediática con el fin de generar una opinión publica uniforme, y vaya que lo logran. Porque el comportamiento de ese hincha ante una injusticia posiblemente sea parecido al sentido futbolístico de justicia: “vaya a reclamar a la Fifa”.

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