La Reflexividad y sus tipologías: Reseña de “Making our way through the world” (2007)

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¿Qué es usted?

¿un Reflexivo comunicativo/a, un Reflexivo autónomo/a o un Meta reflexivo/a?

Esta reseña fue elaborada a partir del texto “Making our way through the world” de Margaret Archer (2007) en conjunto con Camila Riquelme, con motivos de la investigación de nuestra tesis de pregrado en Sociología que actualmente estamos desarrollando.

La Reflexividad de las personas.

Es menester aclarar que la hipótesis de la teórica británica se sitúa en contradicción al reduccionismo psicológico y al determinismo social. Sucede que, según Archer, es través de los diálogos de conversación interna que se va generando una dinámica de ordenación y también de rechazo a la integración y la separación, por el simple hecho de que somos seres sociales que intentamos constantemente posicionarnos dentro un orden social.

La autora señala que la reflexividad de los individuos adquiere una importancia sin precedentes en la función de determinar cómo hacemos nuestro camino a través del mundo, debido al proceso de globalización y desarraigo que estamos viviendo. Este  concepto de “Desarraigo” coincide con una nueva estructura de oportunidad en la estructura social, donde la sociedad estaría en proceso de reestructuración.

Para estudiar esto Archer incorpora el concepto de “Reflexividad”, la cual define  como  la causa entre la deliberación y la acción en la vida social de las personas. Es decir se sitúa, justamente, entre la subjetividad y la estructura pero desde una perspectiva nueva, donde el foco se sitúa en la “toma de decisiones” del individuo. Es así como se establece cierto proceso reflexivo que Archer denomina modus vivendi y que lo conceptualiza, básicamente, como aquel proceso en el cual las personas definen y ordenan sus preocupaciones a través de una determinada conversación interna. En síntesis la reflexividad seria el proceso de “toma de decisión” de los actores en los momentos en que logran decidir sus cursos de acción a futuro.

En este proceso de “reflexividad” cada persona seria capaz de establecer una relación íntima con su propia forma de diálogo interior, sin embargo, no se puede presumir que este modo de reflexividad sea universal o común, incluso, con sus amigos y colegas. Es por esto que si el investigador/a desea comprender otros modos de reflexión, debe lograr entrar en los paisajes subjetivos de las personas, señala Archer.

Buscando en los paisajes subjetivos de los actores sociales.

Para que este sondeo, buceo o exploración, llámele como quiera, sea exitoso es preciso enfocarse en las preocupaciones subjetivamente definidas (expectativas) y en las “prácticas” o contexto social de las personas en cuestión. Esto porque el sujeto lograría constituir su identidad a partir de su propio universo de preocupaciones. Esto implica, que es a través de su reflexión personal que el sujeto alcanza una estricta identidad personal en virtud de su patrón de compromisos con su entorno social.

Siguiendo esta misma lógica, la autora presenta tres tipos de reflexividad, la cual depende  del contexto y las preocupaciones que tenga cada individuo. Esta puede ser reflexividad comunicativa, autónoma o meta-reflexiva. a partir del tipo de conversación  interna que el sujeto adopte variará la movilidad social de este.

El acto o proceso de reflexión(es) comunicativa(s) se configura como un proceso donde los individuos completan pensamientos acerca de si mismos en relación con su contexto, al hablar de esto con otras personas. Según Archer, esto nos hace, hasta cierto punto, a todos nosotros sujetos “comunicativos”. Es menester aclarar que la teórica británica al hablar de reflexión comunicativa no se refiere a los pensamiento reflexivo cotidianos (ejemplifica señalando, no son aquellos de cuando estamos en la ducha) sino que se refiere a aquellas personas que en su “reflexión comunicativa” sienten la necesidad de compartir estos pensamientos con otras personas, usualmente su círculo íntimo, con el fin de concluir sus propias deliberaciones. Con “concluir” Archer se refiere a aquel proceso de recibir una “confirmación” de un “otro” antes que el sujeto reflexivo considere, lo que Archer denomina, un tren de pensamientos que constituya una base satisfactoria para la acción.

El estudio de campo de Margaret Archer

Archer  entrevistó a 35 personas con diferentes estatus ocupacional, de ambos sexos, de diferentes clases sociales y de rangos etarios distintos. Después de realizar estas entrevistas pudo identificar y elaborar tres tipologías de “reflexividad”: la reflexividad “autónoma”, la reflexividad “comunicativa y los “meta-reflexivos”.

La Reflexividad “Comunicativa”

En el capítulo 4, Archer, aborda la reflexividad “comunicativa”: los sujetos con este tipo de reflexividad tenderían a comunicar sus preocupaciones y tomar decisiones a partir de deliberaciones consultadas con su entorno. Esta dependencia emocional del entorno implica confianza y solidez en sus relaciones sociales con familiares y amigos,  sin embargo, este sujeto al valorar de tal manera sus redes sociales de origen, implica que muchas veces este individuo pone a su familia o amigos por encima de oportunidades laborales o académicas, ante lo cual la tendencia muestra que registran una alta inmovilidad ocupacional, pues estos sujetos no tienden a alejarse del punto de origen en que se encontraban, o encuentran integrados.

La autora señala que son sujetos que siendo adultos o ancianos siguen teniendo los mismos amigos de infancia como sus “socios-dialógicos”, con quienes deliberan decisiones y toman cursos de acción a seguir.

Otros individuos “reflexivos comunicativos”, señalan cierta continuidad contextual, sobre todo los que provienen de clase obrera, donde en un mismo barrio vive su madre, su abuela y su tía, y eso le hace sentir que su familia siempre estará allí para él. Como ejemplo esta aquel joven de clase obrera, quien señala que no siente temores al hablar de cualquier cosa con sus amigos de infancia porque ellos piensan lo mismo que él, entonces por eso los mantienes como su círculo cercano. Es así como la reflexividad comunicativa contribuye a la “inmovilidad social”, pues son las personas las que contribuyen activamente a su propia inmovilidad social.

Hay tres escenarios a través de los cuales se configura este resultado: el primero es aquella persona que se niega a un trabajo que lo “moverá ascendentemente” para aceptar un trabajo más humilde recomendado por la persona en quien confía. Por ejemplo tomar un trabajo donde están los amigos, el “tradicionalismo de la clase obrera” le llama la autora. Existiría cierta preferencia del individuo hacia sus amigos por sobre su familia, es asi como este individuo puede, eventualmente, mantenerse o bajar en la estructura social en relación a las expectativas de sus padres (Archer, 2007: 169)

El segundo escenario es cuando el individuo tiene dificultades en elegir un proyecto educacional desde el principio; La autora ejemplifica con el caso de Joan, quien quería ser enfermera, pero solo entró de manera fácil y presionada por su entorno a “auxiliar de un hospital” y ahí se quedó. Ahora señala que sabe todo lo que sabe una enfermera pero no tiene el título. Se quedó atrapada en esa lógica y no se movió desde esa ocupación.

El tercer escenario son aquellos y aquellas que no tenían un proyecto definido, y eventualmente llegan a la universidad para preguntarse “qué diablos están haciendo allí” (Archer 2007: 170) Tarde o temprano estos sujetos se preguntan cómo bajar por la escalera que subieron sin ningún plan en mente. Como cuando ingresan a carreras y abandonan no una, sino dos universidades distintas.

En síntesis la continuidad contextual de los “reflexivos comunicativos” se da por su renuencia a abandonar a sus interlocutores, señalan que “las relaciones humana es el aspecto más importante del empleo” (Archer, 2007: 171) con lo que le restan importancia al salario o a los ascensos laborales.

Los reflexivos autónomos

En el siguiente capítulo (5) Archer se refiere a la reflexividad “autónoma. Los “autónomos” son personas más independientes, que no suelen compartir sus pensamientos. Serian personas, preponderantemente innovadores y suelen planificar sus trayectorias en solitario. Su meta es un continuo crecimiento profesional.

Los individuos de reflexividad “autónomos” buscan afianzar su tipo de reflexividad por el éxito. Los autónomos tendrían un pensamiento estratégico respecto a su contexto social, donde ponen en la balanza las restricciones y facilidades con el fin de adecuar sus propias con el objetivos de conseguir una mejora real en sus vidas. Algunos son oportunistas, otros más ambiciosos, mientras que otros sólo “se dan cuenta cuando detenerse” cuando sus cónyuges o familiares se lo señalan.

La base de reflexividad autónoma es la autosuficiencia. La ‘Discontinuidad contextual ‘ es la condición más importante para el surgimiento de diálogo interno realizado solo y capaz de idear cursos de acción. Por definición, la existencia misma de discontinuidad con el contexto propia del sujeto priva a este de aquellos que son lo suficientemente similares a él para actuar como sus interlocutores – el suministro de orientación contextual que a su vez reproduce los contornos familiares de este entorno social. Sin embargo, dicha discontinuidad se impone en parte sobre el sujeto por  circunstancias independientes de su voluntad, y está parcialmente fomentadas por él.  El sujeto  tiene que aprender a confiar en sus propios recursos si es que quiere actuar en este tipo de situaciones, porque ningún interlocutor podría entrar de lleno en su posición. No obstante, este modo de reflexividad no puede reducirse solo a lo psicológico porque la búsqueda de uno mismo en situaciones improvisadas, es tanto acerca de la naturaleza estructurada de la nueva situación, ya que se trata de cómo el individuo se enfrenta a ella. A partir de los relatos biográficos, dada por los entrevistados, es posible aventurar dos escenarios propicios de convertirse en autosuficientes, y por lo tanto propenso a esta modalidad autónoma de reflexividad.

En el primer escenario, puede surgir “discontinuidad contextual ” cuando el contexto natal permite la libertad sujeta a encontrar situaciones novedosas. En donde disfrutar se vuelve parte del repertorio experiencial del sujeto, se presenta progresivamente discontinua con la de los miembros de la familia. Esta fuente particular y el potencial de autosuficiencia no implican nada negativo acerca de las relaciones interpersonales dentro de la familia o del ambiente o medio local. Se trata simplemente de que el sujeto joven ha extendido su repertorio de experiencias más allá de sus ‘ similares y familiares’.  Al mismo tiempo, dentro de su dominio privado (satisfactorio o placentero) experimenta que ha adquirido una independencia que le lleva a confiar en sus propios recursos. Esto se debe a que se ha despojado de la creencia fundamental de que su contexto natal es co -extensiva con su mundo.

El segundo escenario de ” discontinuidad contextual”  puede ser iniciado por disfuncionalidades en el contexto natal. Algunos de estos pueden derivar de contingencias inevitables, como la muerte de un padre o de la adopción, otros de los divorcios perturbadores,  de acoso en la escuela, aún otros de condiciones como la dislexia. No son estos eventos o condiciones en sí mismos que son cruciales, sino más bien la forma en que afectan a la familia, a  la dinámica en la que está envuelto el sujeto. Genéricamente, que es cuando  familia y / o entorno local no han facilitado el tema con la familiaridad y para darle un abrazo en el pliegue de la similitud al individuo. Esta independencia se impone a la persona si es que quieren sobrevivir en el contexto natal; si prospera depende en su devenir suficientemente autosuficiente para desarrollar un sistema autónomo de reflexividad que le permita  romper con  las pautas contextuales – retransmitido por la convencionalidad normativo de interlocutores – para así poder hacer su  propio camino en el mundo.

El denominador común en ambos casos, es que la reflexividad comunicativa está ausente. Todos estos temas o conversaciones se dan, en diferentes grados, ‘ solo en casa’. Una de las consecuencias más evidentes por parte de los sujetos es su marcada tendencia a salir de casa, a menudo tan pronto como sea posible, y nunca regresar a su contexto natal excepto como visitantes. Sin embargo ambos casos pueden solaparse

Los meta-reflexivos

En el capítulo 6, la autora habla sobre los individuos “meta-reflexivos”, quienes son aquellos que evalúan su conducta y sus logros al estar conscientes de la influencia de su entorno social sobre sus proyectos individuales. Los individuos “meta-reflexivos” se guían, preponderantemente, por sus ideales que son importantes para ellos. Suelen ser perfeccionistas, están disconformes con la sociedad y son críticos también de sí mismos. Son portadores de “racionalidad sustantiva”, es así como no tienen como objetivo principal su ascenso profesional, como la mejora de sí mismos.

Para los meta-reflexivos el empleo no es una cuestión de relaciones de intercambio en absoluto. Más bien, se trata autorrealización a través de “hacer una diferencia”, lo que significa que para ellos la expresión y la comprensión social de sus compromisos de valor están inextricablemente entrelazados, ya que representan las dos caras de la misma moneda.

Además, en relación con sus propias pautas de trabajo y de empleo, presentan una movilidad lateral y cierta tendencia a la volatilidad ocupacional, lo cual puede explicarse en términos de su búsqueda de la Wertrationalität, que es la racionalidad con arreglo a la moral, en vez de adecuarse a la racionalidad instrumental o técnica. Asimismo sus historias de trabajo inestables son producidas por la incongruencia genérica entre la importancia de los valores de lo que les importa y el predominio de las relaciones de intercambio en el mundo de trabajo.

Conclusiones de “Making our way through the world”

La autora señala que lo que  se intentó explicar allí, es que la subjetividad humana, como personal propiedad y el poder, constituye un fondo de potenciales, algunos de los cuales serán más penetrantes activado y más claramente acentuado que otros en ciertos momentos y bajo diferentes condiciones sociales.  Esta sugerencia también tiene que permanecer abiertos a la posibilidad de que, efectivamente, puede tener habido otros modos de reflexividad que, una vez se manifestaron prominente, pero han revertido en gran medida a su estado en potencia porque en algunos manera las condiciones sociales ya no fomentan su desarrollo.

Esta hipótesis está en contradicción con dos posiciones alternativas: reduccionismo psicológico y el determinismo social. Claramente, si ‘Reflexividad’ es visto como un rasgo fijo de la subjetividad humana o como un trastorno mental facultad que varía sólo con factores que se encuentran en el nivel de la psicología individual, cambio social no haría ninguna diferencia en su incidencia, la naturaleza y, por lo tanto, la distribución. Igualmente, haciendo que el supuesto contrario, a saber, que la subjetividad se transforma radicalmente en conformidad con la sociedad transformaciones, significa que la reflexividad humana sería tan variable como cambios en las formas sociales. Esto último implica que puede haber no reconocible continuidades en especie, que se podría hablar de cambios en su alcance, naturaleza y distribución. En su lugar, se argumenta que los cambios en lo social medio ambiente son influencias muy importantes sobre el modo de reflexividad que predomina, sin que ellos se encarga de la fundamental capacidad humana para practicar cualquiera de estos modos – posiblemente incluyendo otras modalidades que quedan en potencia durante el presente período. En contraposición, la cuenta da aquí de los diferentes tipos de comunicación interna, que prevalece en un momento dado, siempre se celebrará a dependerá de varias combinaciones de ‘contextos y preocupaciones’, ninguno de los que puede ser reducido a términos individuales.

Los factores estructurales y culturales influyen en los modos de reflexividad junto con las preocupaciones personales, donde la Continuidad contextual, se relaciona con la reflexividad comunicativa; la discontinuidad contextual está relacionada con la reflexividad autónoma; mientras que la Incongruencia contextual la autora lo vincula con la meta-reflexividad. Además los distintos tipos de reflexividad tienen distintos efectos sobre el entorno del individuo:

Dimensión de impacto / Tipo de Reflexividad

Obstaculizar o ayudar a la movilidad social

 

Tipo de orientaciones de acción

Consecuencias para los patrones de movilidad

Consecuencias macroscópicas agregadas

Donde está el principal impacto

Reflexividad comunicativa

Evasiva Auto sacrificio Inmovilismo social Reproducción social Familia

Reflexividad autónoma

Estratégica Autodisciplina Movilidad ascendente Productividad social Mercado

Meta-reflexividad

Subversiva Auto trascendencia Movilidad lateral (volatilidad) Reorientación social Tercer sector

Tabla 1: Elaboración propia: elaborada a partir de la conclusión de Archer (Archer, 2007: 315-317)

En palabras de la autora, la modernidad ha favorecido el desarrollo de la reflexividad autónoma pues el desarrollo de la modernización extendió la “contextual discontinuidad “y el ejercicio de la racionalidad instrumental a sectores cada vez más amplios de la sociedad. Pero no significa que los otros dos modos de reflexividad hayan desaparecido, solo que la “reflexividad autónoma” predomina.  El Estado de bienestar, trabajo para toda la vida, mayor número de bienes y la vida de suburbios permitió y fortaleció la “continuidad contextual” y con ello la reflexión comunicativa al ponerse en valor la importancia de la familia para el bienestar.

No obstante, en las últimas décadas se ha producido una reducción progresiva de la «continuidad contextual” en respuesta a las cambiantes condiciones sociales.  Esta reducción ha sido reforzada por la mayor movilidad espacial, la mayor facilidad para desplazarse, la vida urbana, el aumento de la matrícula universitaria y con ello que la gran mayoría de los jóvenes deje el hogar natal a temprana edad, donde muchos son los primeros profesionales de su familia. Además de los cambios en la comunicación que dejaron atrás la comunicación de masas. El internet y las tecnologías móviles son una posibilidad de mantener la “continuidad del contexto virtual”.

En síntesis existe un contexto hostil para la “continuidad contextual”. Cada vez menos personas tienen familiares y amigos en que confiar sus pensamientos y confirmar sus decisiones. Según Archer, ahora está decreciendo la cantidad de individuos que viven la “continuidad contextual” que es necesaria para el desarrollo de la “reflexividad comunicativa”. El declive de esta “continuidad” implicara cambios en el mundo social porque la “reflexividad comunicativa” era la responsable de la “estabilidad y reproducción social estable del pasado” (Archer, 2007: 320)
La globalización ha implicado que aumente la “reflexividad autónoma”. Los perfiles que buscan las empresas, el estilo de vida que trae consigo implican mayor “reflexividad autónoma”. La sociedad ha adoptado las “prácticas empresariales” (servicios sociales y profesiones tradicionales) y esto abre oportunidades a los individuos con preocupaciones típicas de individuos con “reflexividad autónoma”. Los indicadores de productividad, mejor calidad, evaluación de la investigación, la concesión de méritos hacen sentir bien a los “reflexivos autónomos”. Hay cierta afinidad entre el capitalismo global y la “reflexividad autónoma” pues tratan, según Archer, de persuadir al mundo con la idea de que sus características son universales. Afirman que toda acción intención es acción instrumental con el objetivo de aumentar la utilidad: la rational choice, por ejemplo. Con todo, para Archer la condición de ser un “meta-reflexivo” se negó, ya que sus ideales no serían fines verdaderos sino formas encubiertas de racionalidad instrumental.

Pero sucede que las profesiones para “meta-reflexivos” como educación y servicios de bienestar cada vez están más dominados por métricas de rendimiento y eficiencia. Esta mercantilización de “todo” implica una intensificación de la “incongruencia contextual” para los trabajadores “meta-reflexivos” quienes están comprometidos con valores (sociales y personales). Así los “meta-reflexivos” van convirtiéndose en los más críticos, van reconociendo la imposibilidad de hacer diferencias a través de su empleo y tienden a enfocarse en el sector de “voluntariados” como trabajar para ONG´s, etc.

Así es como la “meta-reflexividad” esta sostenida por condiciones propicias para ellos. Según Archer es difícil que llegue a ser dominante. Sin embargo, los baby-boomer serán los últimos que vieron un orden social donde la “reflexividad autónoma” dominaba y ascendía, donde la “reflexividad comunicativa” perdía terreno y la “meta-reflexividad” era minoritaria.

Las nuevas subjetividades reemplazaran las cosas: sucede que la racionalidad instrumental impide la “reflexividad autónoma” pues amenazan, con su control, la autonomía propia. Es así como las nuevas empresas pequeñas de alta tecnología, que depende altamente de la técnica especializada proliferan porque permiten mayor control de las personas sobre su trabajo. Además, los nuevos “reflexivos autónomos” y “meta-reflexivos” rechazan el corporativismo, y buscan satisfacciones internas antes que las externas, por eso elaboran salidas para sí mismo en el orden social (Archer, 2007: 325)

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